Para cuando me pude dar cuenta
me había salpicado de tinta
los dedos, los ojos y el alma entera.
Para cuando tú te diste cuenta
la tinta había hecho ríos
del alma mía en tus venas.
Para cuando tú y yo nos dimos cuenta
ya ni si quiera eramos dos
ni se podía borrar lo escrito en nuestras entrañas.
¿Acaso alguno se dió cuenta,
en algún momento,
que el destino vanidosos estaba escribiendo
nuestra historia?
Bienvenidos
Aqui dejo un trocito de mi
jueves, 8 de septiembre de 2011
¿A dónde vas?
A reencontrarme a mitad de camino
con lo que un día abandonó mi alma.
A reprocharte la soledad y la angustia
y a explicarte cómo me golpean en las manos.
A gritar a los cuatro vientos que no quiero más
este invierno en mis entrañas.
A oírte claro y sincero para sentirte de nuevo cerca...
Voy a aquel sueño mío,
del cual no debí despertar.
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